Lo que ves es, es lo que ves

Mena, Alfonso
Ed. Limusa S.A. de C.V.
Milán, Italia mayo de 2000.
p.p. 229
Medidas: 34.7 x 25.3 cm
(Obras de 1985 a 1999)

Pequeño léxico progresivo para ayudar a
percibir la obra de Alfonso Mena Pacheco
Raquel Tibol  


Raquel Tibol

ALFONSO MENA PACHECO. Pintor, dibujante, serígrafo, constructor de objetos, ensayador de materiales, cultiva un arte abstracto.

ABSTRACCIÓN. De las diversas maneras del arte no representativo, Mena Pacheco se decidió por la abstracción lírica desarrollada con técnica, espíritu y acento poético propios.

ABSTRACCIÓN LÍRICA. La distingue su carácter expresivo logrado por impulsos de gestualidad en busca de ritmos armónicos. Los ritmos armónicos fueron preconizados desde principios del siglo XX por Vassily Kandinsky (1866 -1949), cuando llamó a "penetrar la esencia de lo espiritual, es decir lo abstracto", por la vibración super-sensible de una necesidad interior.

GESTUALIDAD. En Alfonso Mena la gestualidad no sólo es fruto del automatismo; él realiza esbozos preliminares para encontrar un armazón capaz de soportar materias y texturas diversas que lo encaminen tanto a la pintura polimatérica como a la energética, las cuales dan por fruto unidades plásticas controladas, en las cuales han entrado en juego la espontaneidad emotiva y la elaboración racional. La técnica es vehículo para una finalidad poética.

TÉCNICA. Mena Pacheco usa como soportes: madera de encino, madera de roble, tela de lino encolada con cola de conejo como la utilizaba Henri Matisse (1869-1954), papel Frabiano muy delgado. Variadas son las medidas: 122 x 64, 180 x 122, 190 x 200, 122 x 244, 67 x 49 centímetros. Los materiales: óleo, encausto, papeles, grafito, tela de seda blanca, tela de seda amarilla, tela de seda anaranjada, emulsión de leche, caolín, temple, polvo de mármol, aguarrás, barniz, aceite de linaza, aguada, sulfato de cobre, gouache, acuarela, acrílico, látex, cera, objetos encontrados. Colores: azul, blanco, gris, negro, ocre, amarillo, salmón, bermellón, café, rojo. A veces adhiere papel de cuadrícula; hace un proceso de impresión con encausto para lograr volúmenes; usa el blanco de plomo en las orillas para enmarcar y resaltar el núcleo central; los pedazos de finísima seda sobre el óleo tamizan colores y afinan texturas; a veces el óleo puro sirve para puntear, el grafito para delinear, el caolín para secar texturando, el aguarrás o el polvo de mármol para matar los brillos. Mena Pacheco prefiere los formatos verticales, aunque en series recientes ha probado con fortuna superficies acusadamente apaisadas. Gran parte del proceso lo desarrolla con los cuadros acostados, aunque para concluir siempre los levanta. La superposición de encausto sobre el óleo hace que éste se vuelva mate y el otro brille. Otra manera de modificar las calidades táctiles del óleo es secarlo con cartón para refrescarlo después con una aguada. Por el contraste, en determinadas zonas se acumulan texturas muy fuertes. El veteado de la madera de encino tiene sus propias calidades que hay que saber resguardar con manchas armónicas. También la plancha de roble exige a veces no ser cubierta. Para conseguir azules transparentes como de acuarela, a Mena Pacheco le sirve el sulfato de cobre. Los escurridos no quedan librados a su propia suerte pues se les aplica papel para secarlos. Cuando el soporte es papel Fabriano, para adelgazar la materia y sutilizar las transparencias, las hojas son sumergidas en agua muchas veces, hasta veinte suelen ser las pasadas. El gouache y el temple se diluyen, pero dejan huella, no así el acrílico, la acuarela y el grafito. El acabado con barniz saca las transparencias.

TÍTULO. Mentiras de la razón, el título común a todas las series de ahora se presentan, pretende resaltar el proceso conceptual seguido por Mena Pacheco antes de permitir que actúen los automatismos propios de una pintura expresionista, emocional y abstracta, la cual no se niega a recoger experiencias sensoriales de la realidad. Las referencias a la realidad no han sido preconcebidas, sino que emergen accidentalmente como alusiones más o menos nostálgicas, como intuiciones de una memoria escondida. El pintor y poeta alemán Alfred Otto Wolfgang Schulze, llamado Wols (1913-1951), refiriéndose a los secretos caminos de la intuición y la subjetividad, escribió: "Un artista absorbe con seguridad lo que ve. Un artista debe mirar más allá de lo que se manifiesta a sus ojos." A diferencia de los impulsores absolutos del tachismo, Mena Pacheco combina la planificación reflexiva con el flujo impulsivo. Él no pretende que la imaginación desborde lo visible. Su afán persigue misterios plenamente perceptibles: todo debe ser observable, todo se abre a la capacidad desentrañadota y asociativa del que mira.

TRANSPARENCIAS. Serie de pinturas sobre madera en las cuales las capas de materia permiten ver lo que cromáticamente sucede debajo de ellas. La densidad se combina con la finura, lo expuesto con lo encubierto. Nada queda empañado, todo debe ser traslúcido, es decir, tener calidades de revelación y de insinuación. Entre las manchas, los trazos, las zonas cromáticas, surge una forma como de jarrón, como de cruz, como de res abierta que obliga a evocar a Chaim Soutine (1894-1943) porque también posee una energía expansiva, porque en la carencia de formas representativas se genera una configuración.

TRAMAS. Como Robert Rauschenbert (1925) en sus pinturas combinadas, Alfonso Mena recurre a líneas de trama y urdimbre para amarrar fragmentos de la composición plástica. Ese tejido, que no abarca toda la superficie, tiene la función de relacionar los diversos planos, hacer que se correspondan, que se manifiesten estéticamente; le da a los desplazamientos visuales un núcleo de llegada o de condensación, y permite a las tensiones reconciliarse.

PLANOS SUCESIVOS. Como sí lo hacen otros pintores de postexpresionismo abstracto, Alfonso Mena no recubre o disimula con capas e abstracción una previa figuración explícita. Lo que se observa (y en realidad es) son planos acuosos, planos húmedos, escurrimientos, reflejos. Toda la destreza técnica de Mena Pacheco, que es mucha, está puesta al servicio de la esencia física y metafórica de los colores rica y arriesgadamente aplicados. Por eso sus planos no son lisos ni chatos. Se arrugan, se emparejan, se explayan, se gradúan. La sucesión plantea una nostalgia de un infinito que no es cósmico sino que alude a lo terreno, una fantasía que no desborda los límites planetarios, atmósferas que interpretan un mundo nuestro entre el cielo y el suelo.

PAISAJES DE LA RAZÓN. Mena Pacheco ofrece una disolución del habitual discurso sobre el paisaje. Desde el momento que él utiliza el arte como un medio de reflexión espiritual y estética, va estableciendo un lenguaje metafórico. Su entramado de manchas, planos, escurrimientos y collages, instala puentes no sólo entre nuestros sentidos y los suyos, sino que actúa como el cicerone que nos guía por caminos de un proceso mental que se ha producido en él y que se anularía sino es transferido, transferido a nuestros ojos y a nuestra razón. Opuesto a las fórmulas que se anulan a sí mismas, a lo largo de su trabajo ha renovado mecanismos de tránsito y reconocimiento. Este anhelo explica la superposición de capas de materia, de colores distintos dentro de una misma gama y aun trozos de tela o seda u otras adherencias. Por las alusiones tangenciales a una naturaleza alterada por el hombre, hay cuadros de Mena Pacheco que bien pueden situarse en la corriente posmoderna de los impresionistas abstractos, quienes también practican la observación metódica de los cambios de luz y la disgregación de sus efectos.

EPISODIOS DE LA TRAMA. Mena Pacheco observa una constante fidelidad a sus materiales, de ahí que todo cuanto sucede sobre los papeles sea muy diferente a lo que tiene por soporte la madera o la tela. Sus estrategias de producción son diferentes y los mecanismos de subjetivación están impregnados de otras emociones. La obra transita aquí por otras fases. Aparece una especie de texto que se va formulando sucesivamente, aunque no se establecen jerarquías o signos narrativos. Aquí las evocaciones de la materia diluida, la cual impone la comparación con los gouaches, acuarelas y tintas de Egon Schiele (1890-1918). Aunque en los papeles de Mena Pacheco no hay cuerpos de mujeres u hombres en poses eróticas, sus atmósferas cromáticas y sus dibujos coloreados deparan intensas emociones ligadas a la sensualidad y al placer. Aunque desdeña cualquier regla de composición, no se le puede conceder a esta producción la calidad de espontánea, pues su justa apariencia es perseguida en un largo procedimiento racional, no exento de obsesiones. El "dictado mágico" propuesto por André Breton (1896-1966) es revivido y revisado por Mena Pacheco en lo referente a la fuerza creadora de la embriaguez de los sentidos y a lo prefigurado en los ensueños. Si bien en la sucesión de ideas no hay una línea dramática constatable, cada pieza constituye un episodio de suceso plástico exploratorio y memorable.

TRAMAS DE VOLUMEN. Al internarse en el arte objetual, Mena Pacheco prefiere el montaje de materiales toscos o que den la impresión de tales. En la tercera dimensión su sentido selectivo es menos riguroso porque de lo que se trata es de recuperar tanto el ready-made como el happening matérico, tamizados ambos al través de las correcciones impuestas por una disciplina de taller y por un sentido estético que se niega a claudicar o consumirse en lo absurdo.

Nueva Anzures, septiembre de 1999

1 Exposición en la Galería Landucci Arte. México, D. F., septiembre de 1999