Arte Contemporáneo de México en el Museo Carrillo Gil

Mena, Alfonso
Landicci Editores, S. A. de C. V.
Milán, Italia octubre de 2000
p. p. 16 - 21
33.6 x 23.4 cm
(Obras de 1994, 1996, 1997, 2000)

Osvaldo Sánchez  


Lo distintivo de Mena, en relación con otros pintores abstractos mexicanos de la última década, es su creciente distanciamiento de aquellos valores compositivos modernos, un tanto rígidos, que remiten al legado cubista en su compartimentación geometrizante. Sus composiciones, siempre fuera de control, tampoco funcionan como analogías veladas de las normas realistas de construir un paisaje o una escena. La obra actual -de un diapasón de facturas y procedimientos totalmente desapegado de la tradicional pintura 'a la francesa'- acusa un tipo de torno al sustrato de la factura, a la cual es inútil aplicar los paradigamas prescriptivos de Clement Greenberg. Tal vez sea más apropiado encasillar esta obra con un término acuñado por Charles Clough: hiperabstracción. Una mayor conciencia del hecho pictórico y una ilimitada ironía hacia aquellos sedimentos emocionales que se transparentan en su performance o que se fabulan desde la presencia. Hay una necesidad analítica tras estas visiones, nada ahí ocurre por una decisión meramente estética o de desahogo emocional. No se deja que el gusto decida el disparo de una pistola o la construcción de un laberinto (Harold Rosenberg). La presencia de la obra -su totalidad como imagen- extrovierte con cinismo su autoconciencia como un espectáculo en clave. Una actitud que ironiza con aquella aseveración de Pollock: I'm Nature.

Osvaldo Sánchez, 1997